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lunes, febrero 04, 2013

La Sombra (5/?)

Salieron a la calle silenciosamente, nadie hablaba, solo prestaban atención a los ruidos de la ciudad. Caminaron un par de cuadras por el borde del río, donde las luces de la ciudad dejaban de brillar. Descendieron unas escaleras que llevaban al lecho del río y luego de avanzar un par de metros encontraron algo parecido a la entrada de un desagüe.

Bergen se dirigió al grupo y dijo -bueno, tomaremos este camino, al final nos separaremos y comenzará nuestro trabajo, todo saldrá bien- el grupo se miró en silencio y comenzaron uno a uno a entrar en el oscuro túnel. Solo quedaba Andres por entrar, como era su costumbre, le gustaba cerrar el grupo.

Antes de internarse por el túnel, se detuvo de golpe, olfateo el aire y se dio media vuelta súbitamente. Al otro lado del río una sombra se escabullía por las escaleras en dirección a la ciudad. Andres gritó hacia el interior del túnel -¡sigan ustedes esta noche, hay algo que debo hacer!- y desapareció de golpe de la entrada del túnel, desde donde sus compañeros miraban como si ya estuvieran acostumbrados.

Andres trepó rápidamente el muro que lo llevaba a la calle por donde venia caminando antes de bajar al río y comenzó a buscar a la extraña sombra que se le apareció. No logró verla por ningún lado, corrió en dirección a un puente para llegar al otro lado del rió y ahí se detuvo un momento antes de proseguir su carrera. La noche se había vuelto intranquila, ladridos de perros por doquier, sirenas policiales en las calles cercanas y murmullos eran parte del escenario nocturno. Encontrar la sombra no será un trabajo fácil pensaba Andres, por lo que decidió seguir un poco su instinto y caminó en dirección hacia el centro de la ciudad.

Siempre atento en el camino,  buscaba la sombra por todas partes. Tras caminar un momento pasando desapercibido para los que caminaban por la noche Andres se detuvo de golpe en una esquina donde había una iglesia antigua. Era alta y se notaba el paso de los años por ella. En lo alto se apreciaba el daño causado por palomas que tenían su nido en la estructura. Estatuas carcomidas y algunas a las que les faltaban partes completaban el cuadro. Andres afino sus sentido, inclinó su cabeza hacia arriba, olfateo un poco y comenzó a correr por una pequeña calle por el costado de al iglesia. Había vuelto a encontrar el rastro.

Andres corrió varias cuadras dando vueltas por la ciudad rápidamente para no perder el rastro, sin embargo todavía no encontraba nada. De repente se encontró parado en medio de una plaza, el lugar le era familiar. Miró a su alrededor y vio vagos durmiendo en algunos asientos, ebrios cantando un poco más allá y un par de locos golpeando a algo que parecía ser un travesti. 

Andres siguió tras el rastro y en una esquina no supo que hacer, de repente lo perdió. Quedo parado sin saber que hacer. Mientras apretaba los puños y masticaba su frustración, a lo lejos vio la sombra cruzar la calle rápidamente y desaparecer en la mitad de la cuadra. Andres corrió hacía donde le pareció ver desaparecer a su objetivo y se encontró con un pequeño pasaje entro dos viejos edificios que con luces de neón en sus fachadas alumbraban tenuemente el lugar -City Bar Hotel- decía el neón.

Caminando cuidadosamente por el callejón, Andres presentía que su cacería llegaba a su fin, pues el rastro se hacía más fuerte. Al mismo tiempo algo le llamó profundamente la atención, pues sentía algo extrañamente familiar en todo esto, pero no encontraba nada con que asociarlo.

El final del camino estaba cerca, la luz del neón ya no se dejaba ver donde estaba Andres y ni las luces ni el ruido de la ciudad se atrevían a llegar a esa parte del callejón. Andres se plantó de golpe en el suelo y preguntó calmadamente -¿Quién eres?-. No obtuvo respuesta, y se dispuso a avanzar un poco más. La sombra estaba ahí, oculta en la oscuridad, pero se negaba a responder.

Al momento de que Andres dio el primer paso, algo salto sobre su cabeza, se colgó de una escalera y comenzó a subir por el borde del edificio. Lo mismo hizo Andres, pero la sombra se movía más rápido que él. El edificio no era muy alto, cerca de diez pisos. Cuando la sombra llegó arriba a Andres le faltaban todavía tres pisos por subir. Se apresuró hasta que finalmente puso sus manos en el borde de la azotea del edificio. En ese momento sintió que algo le sujetaba las manos y desde lo alto apareció frente a él envuelta en una capucha la sombra que estaba persiguiendo, Andres se sorprendió y no alcanzó a reaccionar. La sombra le dijo con una voz cortada -Todavía no- y sin esfuerzo soltó a Andres de donde este se sujetaba dejándolo caer. Andres cayó por las escaleras a gran velocidad sin poder sujetarse de nada, golpeándose en el camino con las escaleras hasta aterrizar en el suelo de golpe.

Sin fuerzas para levantarse Andres podía ver hacia lo alto del edificio, donde la sombra le dio una ultima mirada antes de desaparecer.

sábado, septiembre 01, 2012

El Túmulo (4/?)

Andres se decidió a abrir el papel finalmente. Mientras lo desdoblaba miles de ideas pasaban por su cabeza, algunas buenas, otras malas y otras muy locas. Se le ocurrió que el papel decía que nunca más quería verlo en su vida y que se dejara de molestar. Se le ocurrió también que podía ser una broma del viejo y que encontraría algo escrito del estilo "Juajaja caiste". Todos estos pensamientos se sucedían mientras terminaba de desdoblar el papel. Finalmente comenzó a leer lo que tenia escrito y este decía:

"A las 8 el martes en la plaza bajo el cerro"

Andres sonrió y guardo el papel en el bolsillo del pantalón. Inmediatamente se preguntó que día era, pues estaba un poco perdido con las fechas. Concluyó que era sábado así que esperaría hasta el martes como decía el papel.

Se fue del lugar pensando que hacer, pues todavía era temprano y sueño era lo que menos tenía. Nada de lo que se le ocurría parecía buena idea, hasta que pensó que lo mejor era ir a practicar un poco y juntarse con algunos amigos. Caminó a tomar un bus que lo dejara cerca del lugar al que quería llegar, leyendo cada cierto tiempo el trozo de papel. Se subió a una micro que le servía y se fue de pie durante el viaje, pues no debería demorarse mas de 20 minutos.

Finalmente llegó al lugar, estaba cerca del centro de la ciudad, al lado de un río que de noche reflejaba las luces de los edificios cercanos. Era una construcción antigua de gran tamaño, 20 a 30 metros de ancho y con cerca de 3 pisos de altura. Se podía ver desde varios cuadras a la redonda.  La fachada daba signos de deterioro, no estaba pintada y tenia algunas ventanas rotas, sin embargo, las protecciones de metal hacían imposible que alguien pudiera entrar por ahí. La puerta principal era sin duda lo que mas llamaba la atención de la construcción. Era una puerta enorme, podían pasar sin problemas 5 personas por ella al mismo tiempo, estaba construida de madera y metal, todo en perfectas condiciones, a diferencia del resto de la construcción.

Andres llegó a la puerta y golpeó un par de veces para que le abrieran diciendo -Abran la puerta, soy yo Andres-. Del interior se escuchó una voz que le dijo -Está sin seguro, abre...si es que puedes-. Andres sonrió y comenzó a empujar la puerta con ambas manos. Esta se fue abriendo lentamente y cuando estuvo lo suficientemente abierta para pasar por ella, Andres se lanzó rápidamente al interior del edificio. -Uf- exclamó  una vez adentro mientras la puerta se cerraba de golpe detrás suyo. Saludó a quien le había respondido su llamado y se dirigió a cambiarse de ropa para ponerse a practicar. El edificio al interior no estaba bien iluminado, los muros eran de un color verdoso con partes descascaradas por la humedad. Del techo colgaban grandes lamparas que podrian iluminar muy bien el lugar, pero estaban dañadas y se les notaba el oxido. El piso, si se miraba bien a través del polvo que lo cubría, dejaba ver baldosas de color negro con blanco. Habia un hall principal bien amplio, su altura llegaba hasta el segundo piso, al centro y al fondo había una escalera que daba al segundo piso en donde había un balcón que miraba hacia el hall. A un extremo había un corredor bien largo por el cual caminó Andres hasta llegar a una habitación que tenia casilleros y un lugar para cambiarse ropa. Andres se apresuró en cambiarse y salió nuevamente al pasillo, volvió a pasar por el hall y se dirigió hacia una escalera que había en un rincón. La escalera bajaba a un lugar sin luz, de hecho, al bajar había que hacerlo con sumo cuidado pues no se veían incluso los peldaños. Andres bajó rápidamente, casi corriendo, hasta que llegó al final de al escalera. Ahí había una puerta, Andres la abrió y dijo -Ah entrenar-.

Era un lugar enorme de unos 30 metros de largo, por unos 20 metros de ancho. Estaba perfectamente iluminado, las paredes eran de un color piedra y en la parte mas alta, en el fondo, unas pequeñas ventanas dejaban circular el aire. El piso era de madera y brillaba perfectamente. Andres entró y saludó de lejos a las personas que se encontraban allí. Había dos hombres de edad cercana a la de Andres, uno un poco mayor, de apariencia cercana a los 30 años, un viejo que parecía de 50 y una mujer de unos 25 años.

-Pensamos que no vendrías por ser sábado- Dijo el hombre de cerca de 30 años. Era de estatura media, contextura delgada pero musculatura bien marcada, tenía el pelo corto de color negro y una cicatriz en el ojo derecho. Andres lo saludó de la mano con respeto y le dijo -A veces es necesario cambiar la rutina. ¿Qué es del maestro, vendrá hoy?. El hombre respondió haciendo un gesto de negación con la cabeza. -Ya veo- respondió Andres y saludó amigablemente al resto de los presentes, menos al viejo, al que saludo fríamente desde lejos..

Andres comenzó a entrenar con uno de los jóvenes que estaba allí, le decían Monkey, nadie sabía el motivo. Era más alto que Andres, contextura delgada, extremadamente flaco podría decirse y tenia el pelo oscuro y corto. Mientras entrenaban algo de técnicas para luchar Monkey le dijo a Andres riendo -Mira, el Fefo ya esta entrenando con el viejo ese- y apuntó al otro joven. Andres solamente se limitó a reír y seguir con el entrenamiento. A Andres no le simpatizaba en lo más mínimo el viejo, su nombre era Heraldo. Parecía que al resto tampoco le agradaba mucho tenerlo ahí. De hecho, Fefo se veía bastante molesto e incomodo con el entrenamiento. Fefo era un joven de estatura similar a la de Monkey, pelo largo castaño claro, medio rubio podría decirse, contextura normal y musculatura marcada, tenia ojos claros, y siempre estaba hablando o haciendo estupideces. Junto con Andres y Monkey, los tres eran muy amigos desde hace bastante tiempo.

Después de un rato, tocó el tiempo de cambiar pareja de entrenamiento, a Andres le tocó con la joven, su nombre era Cora, tenía el cabello largo, liso y castaño oscuro, mirada fija y penetrante, era de estatura más baja que Andres y cuerpo muy fino. Ella también conocía a Andres desde hace tiempo y eran muy cercanos. -Ahora le tocó a Monkey practicar con Heraldo, pobre de él- dijo riendo mientras atacaba con un puñetazo en el rostro a Andres. -¡Tranquila!- exclamó Andres sobándose la cara, -parece que estas enojada- agregó sonriendo. - Es que el entrenamiento con Bergen me dejó un poco acelerada- respondió mientras lanzaba a Andres por los aires. Bergen era el nombre de quien dirigía la clase, el hombre de edad cercana a los 30 años. Andres se puso de pie luego de caer y le dijo a Cora -Nada mal, estas mejorando, pero aun no eres lo suficientemente rápida- y con un movimiento redujo a Cora al suelo y le dijo -Ves, así es como se hace-. Cora no respondió y solo miro fríamente a Andres.

Finalmente Bergen los llamó a todos al centro del lugar para hablar y les dijo -Muy bien, el maestro no esta hoy y no podrá acompañarnos esta noche, así que ahora debemos ir afuera, limpiar un poco este basural y hacer que el maestro se sienta orgulloso de nosotros lo que vuelva. Recuerden, no dejaremos a ninguno atrás, pelearemos hasta el final y volveremos todos a este mismo lugar. Ahora, prepárense a salir-. Todos asintieron con la cabeza y se dirigieron en silencio a cambiarse de ropa.

Una vez estaban listos, se juntaron todos en el hall principal del edificio. Era un grupo bastante particular, se distinguían Andres con sus jeans azules cortos y su polera sin mangas, Fefo con una boina roja, Monkey con una camisa morada y Cora con una capucha. Todos sonreían, menos el viejo Heraldo y Bergen quienes miraban seriamente la puerta. -¿Estamos listos?- preguntó Bergen con una calma que inspiraba confianza. -Sí- respondieron todos al mismo tiempo. Entonces Bergen se dirigió a la puerta y la abrió sin ningún problema. -Cuida bien el lugar- le dijo al que vigilaba la entrada, -Que nadie entre al túmulo hasta que lleguemos- agregó.

Todos salieron a la calle preparándose para lo que venía. La noche era calida, cerca de las 2 de la madrugada y se respiraba un aire de intranquilidad.

viernes, marzo 30, 2012

Papel (3/?)

Andres terminaba la cerveza cuando algo lo hizo mirar hacia la puerta del bar. Escucho una voz familiar que no oía hace bastante tiempo. En la puerta del bar apareció un hombre de baja estatura, no muy corpulento, moreno, pelo corto, ojos pequeños semi rajados, barba candado y un aro en la oreja izquierda. Vestía pantalones negros una polera roja y zapatillas, nada fuera de lo común. Sin embargo su presencia no pasaba desapercibida. Se dirigió a sentarse en una mesa y llamó a alguien para que lo antendiera. En ese momento Andres caminó hacia donde estaba el tipo, se paró en frente de la mesa y dándole un golpe exclamo -¡Hola, tanto tiempo viejo!, ¿ya no se acuerda de mi?- El hombre lo miró sorprendido y le respondió riendo -¿Andres?- La risa era bien grave y áspera, todos podían escucharla en el lugar. -¿Como estas hombre?, ya decía yo que había un olor familiar en este antro. Siéntate y pide algo para tomar- Andres sonrió y se sentó diciendo -Que sorpresa encontrarlo por aca, pidame usted cualquier cosa para tomar, recuerde, el que pide paga- ambos rieron y el hombre respondió -tú no cambias-.

El hombre pidió una cerveza para Andres y se pusieron a conversar sobre sus vidas. El hombre se llamaba Jaime y era bastante mayor que Andres, de ahi que Andres le diga viejo. Se conocieron hace varios años cuando Andres se metió en una pelea donde casi pierde la vida, ese incidente no fue solo una simple pelea para Andres. Lo único que recuerda es que Jaime lo sacó del lugar cuando ya no podía ni mantenerse en pie. Desde ahi son muy buenos amigos y Andres intenta siempre aprender de él cada vez que se encuentran.

Mientras Jaime le contaba sobre su último viaje y las bondades de los paises que habia visitado, notó que Andres estaba ansioso y le dijo -No es casualiad que estes aquí, dime cual es la razón- Andres miró hacia la barra y dijo -Ella es la razón- El viejo rió nuevamente y dijo -Por un momento pensé que había otra razón-. Andres le dijo -pues si la hay-. Y le contó todo lo que pasó la noche anterior, le dijo que algo con esa mujer no era normal, había algo que quería descubrir. En este punto Jaime ya no sonreía y estaba completamente serio. Le preguntó por todos los detalles y dijo -Algo anda mal, tienes razón... peeero ahora vinimos a divertirnos y eso es lo que haremos-. Mientras se paraba volvió a sonreír y le dijo a Andres -Así que ella es la razón, pues vamos a saludar-. Andres se paró y trató de detenerlo, estaba rojo y trataba de afirmar al viejo con todas sus fuerzas. No lo consiguió, en un instante estaban en la barra y el viejo gritó -Este joven aquí presente esta buscando a alguien!-. Andres, rojo, trataba de hacer que el viejo se detuviera. Las personas miraba extrañadas y no sabían que pasaba. Mina simplemente no le prestaba atención al asunto, así que el viejo le dijo -Hey, tu ,si tu. Date vuelta y ven para acá. Le gustas a mi amigo y te quiere decir algo- . A lo que Andres exclamó -¡¡¡QUEEEEE!!!- Mientras le dio un puñetazo al viejo y este salió varios metros hacia atrás y fue a dar al suelo. En ese momento, Mina, que también había escuchado lo que el viejo gritó, se acercó a Andres roja de vergüenza y con una mirada de que algo muy malo iba a pasar. Tomó a Andres de la polera y le dijo -¡¿Cuál es tu problema?!, ¡déjame tranquila ahora y andate!, ¡mira lo que le hiciste a ese pobre viejo loco!- Le dio una cachetada y un grupo de guardias tomó a Andres de los brazos para llevarlo afuera. Andres no se resistió y fue expulsado del bar.

Andres se sentó en la cuneta a esperar que saliera el viejo. Un par de minutos después Jaime salió del lugar muerto de la risa y le dijo -¿Todo salió perfecto no crees?- Andres le respondió -Si claro, ahora Mina cree que soy un imbécil por pegarle a un "viejo loco"-. Jaime se metió la mano al bolsillo y sacó un papel que tenía algo escrito. Mientras se lo pasaba le dijo a Andres -no se que pensará ella, pero me dio esto para ti después que le expliqué que todo había sido mi culpa y que estaba bien, que soy un viejo resistente a los puñetazos de niños-. Andres miró el papel pero no lo leyó enseguida, lo guardó en un bolsillo y le dijo al viejo -Asumo que se dio cuenta de que algo extraño tiene esa mujer-. Jaime asintió con la cabeza y mientras se paraba le dijo -Decirte que no te metas en problemas es una estupidez, simplemente cuídate, ya nos volveremos a ver-. -No te preocupes viejo- respondió Andres.

Después de esto se despidieron y el viejo desapareció a la vuelta de la esquina. Andres siguió sentado en el mismo lugar observando detenidamente el trozo de papel.

martes, noviembre 29, 2011

La Busqueda (2/?)

Andres pensaba que a veces era bueno salir a pasear sin la moto. Bueno, desde hace un tiempo que se había visto obligado a salir sin ella por un pequeño desperfecto que presentaba la maquina, y que no podría reparar, hasta que llegaran las piezas que encargo al extranjero. Andres es un joven un tanto exigente con ciertas cosas.

Pensaba que era bueno salir sin la moto por lo que había ocurrido la madrugada de ese día. Eran alrededor de las 2 de la tarde y Andres había despertado recién luego de haber llegado a su hogar temprano por la mañana. Se encontraba en su pieza, acostado en su cama y tapado a medias con una sábana blanca. El resto de la ropa de cama estaba en el suelo y los cojines en cualquier lado menos donde debían. El resto de la habitación seguía el mismo orden de la cama. Platos de comida en los muebles, ropa en el suelo, en una silla y encima del televisor. Revistas y libros seguían una distribución similar. En las paredes habían dibujos, posters, fotos y un calendario mostrando un mes que no era el actual. Negras cortinas en las ventanas impedían que la luz entrara con tanta libertad en la habitación, por lo que era posible para Andres dormir hasta avanzadas horas del día sin preocuparse del mundo exterior.

Mientras se levantaba seguía pensando en la joven que había ayudado hace unas horas. Hace rato que no tenía una pelea así, y sabía que no sería la última. Al llegar a la cocina encontró varios platos con comida, era su almuerzo, y una nota que decía -Avisa si vas a llegar tarde-. Se dirigió al baño para tomar una ducha. -A veces es necesario hacer esto- dijo mientras se duchaba, y no podía evitar pensar en aquella joven. Así que optó por hacer lo más lógico que se le ocurrió, la iría a buscar, donde fuera que estuviese. Salió de la ducha, se vistió y fue al patio a ver a su máquina, como él la llamaba. - ¿Sigues ahí eh?, inmóvil, quejándote. Ya te pondrás mejor, te lo prometo- Le dijo a la moto. Volvió adentro, calentó la comida y se dispuso a almorzar. No disfrutó mucho el manjar que se encontraba en la mesa, pues a Andres no le gusta almorzar en soledad, así que comió lo más rápido que pudo y salió de su hogar. Vivía en un barrio normal, un poco peligroso de noche, pero de día nada que resaltara. Comenzó a caminar en dirección al centro de la ciudad, sabía que allí encontraría a la joven de aquel incidente.

Era de locos intentar llegar caminando al centro, pues quedaba un poco lejos, por lo que Andres decidió tomar un bus a su destino. Al subir al bus se sentó junto a una ventana donde no le llegara el sol y se quedo dormido inmediatamente. Sin tener idea de cuánto rato había pasado, despertó y se bajó lo más rápido que pudo del bus, no sabía dónde estaba ni que hacia allí. Un par de segundos después Andres recordó que iba al centro a buscar a aquella joven del día anterior. Miro a su alrededor y se ubico en seguida. Se había pasado un par de cuadras de su destino caminó hacia donde se dirigía. Finalmente llegó a la falda de un pequeño cerro en medio de la ciudad y sentó a esperar en la banca de una plaza.

Eran cerca de las 6 de la tarde y Andres esperaba pacientemente. Por su cabeza seguían pasando las imágenes de la pelea que tuvo, las caras, los sonidos, los olores volvían a su mente y lo ponían un tanto ansioso. Sin previo aviso se levanto de golpe de la banca y dijo en voz alta -Ahí estas- mientras miraba una bus pasar hacia el oriente de la ciudad. Apresuro el paso, cruzo la calle y tomo otro bus en la misma dirección. La mirada de Andres era de alguien muy concentrado, él sabía que no podía perder el rastro así que ignoraba todo lo demás que había a su alrededor. Luego de un momento en le bus se bajó, corrió un par de cuadras y en una esquina, cruzando una calle, vio a la joven que estaba buscando. Vestía jeans azules ajustados y una polera blanca con una símbolo extraño en el pecho. Además llevaba un bolso negro y usaba unas zapatillas un tanto gastadas que en algún momento fueron blancas. Andres solo la siguió de lejos para ver a donde iba. Entro a un bar en una calle pequeña alejada un par de cuadras de la avenida principal, pero Andres se quedo afuera esperando, pensando bien qué hacer.

Paso una hora y Andres, al ver que la joven no salía, entró al bar para saber que sucedía. Al entrar solo vio una típica imagen de un bar, gente en la barra tomando alguna cosa. grupos de gente en mesas conversando, riendo y nada fuera de lo común. Pero no pudo encontrar a la joven por ningún lado. Se sentó en la barra finalmente cuando vio que quien lo iba a atender era exactamente la joven que buscaba. No pudo disimular la sonrisa que apareció en su boca y la joven no pudo evitar sorprenderse con tal encuentro. -Hola de nuevo- dijo Andres. Un tímido hola salió de la boca de la joven seguido por un -Que sorpresa, ¿que vas a querer?-. Andres respondió sin pensarlo -Una cerveza negra por favor-. La joven se la dio y no dijo nada más. Un momento después se acerco a Andres y le dijo -Me llamo Mina, gracias por lo de anoche-. Andres asintió con la cabeza y Mina se alejó a atender a otra persona.

viernes, febrero 25, 2011

Solo Otra Historia (1/?)

Caminaba solitario a eso de las 5:00 de la madrugada por calles típicas del centro de la ciudad. Llevaba unos jeans azules un tanto gastados, una polera negra sin ningún símbolo o dibujo, zapatillas completamente negras y una mochila gris. Se veía como un hombre joven de edad cercana a los 20 años. Tenía el pelo largo, ni liso ni ondulado, era una cosa extraña. Estatura media, contextura gruesa, caminar tranquilo y mirada atenta, esa era su apariencia. Parecía que todo estaba bien esa noche calida de verano y no habían preocupaciones que perturbaran su caminar. Estaba volviendo a su hogar tranquilamente.

Caminaba por una calle pequeña, alumbrada por esas típicas luces naranjas de ciudad. A lo lejos se escuchaban las sirenas de los autos policiales, cerca se escuchaba el ladrar de perros y el sonido de la poca locomoción que hay en la calle a esas horas interrumpía su meditar. En el cielo las estrellas se dejaban ver tímidamente, salvo esa muy brillante que aparece en época de verano antes del amanecer, no había nubes en el cielo y la luz del sol aparecía detrás de las montañas para terminar con la noche.

Nadie más caminaba por esa calle. De repente se dio vuelta bruscamente y alzo su mano. Un Bus se detuvo y el joven subió en el. Con una mirada rápida recorrió todo el bus. Una persona de edad estaba durmiendo solitario en uno de los primeros asientos, más atrás una pareja conversando, y al fondo de la micro un par de hombres ebrios que cantaban a ratos. El joven se quedó en mitad del bus, de pie casi al frente de la pareja, la mujer le había llamado la atención. Era una pareja con un hombre cercano a los 25 años y una mujer de alrededor de 20.

El bus salió de las calles pequeñas para entrar en una avenida principal, iba a exceso de velocidad lo que haría mas corto el viaje. Entre pensamientos y la música del mp3 el joven notó que la pareja discutía acaloradamente. Apagó la música, guardó los audífonos en el bolsillo y siguió atento. En un instante el hombre tomó a la mujer y la empujo lejos. Mientras le gritaba todo tipo de cosas comenzó a acercarse a la mujer que callo al suelo debido al empujón y el movimiento de la micro. Rápidamente el joven se movió y puso su mano derecha en el pecho del hombre diciéndole: "para". Con una voz fría y seca. Las miradas se cruzaron mientras que de atrás de la micro se levantaba alguien que había pasado desapercibido para el joven. Rasgo particular, usaba lentes de marcos gruesos y vestía extrañamente. Se acercó diciendo: "que te pasa, déjalos, no te metas en sus asuntos" con un leve tartamudeo. Llegó al lado del joven e intentó golpearlo. No lo consiguió. Sus lentes saltaron lejos, su nariz comenzó a sangrar y cayó al suelo de golpe. El hombre dijo: "quien te crees" y lo atacó. El joven apenas pudo bloquearlo, lo pillo de sorpresa. A esas alturas el viejo que venía durmiendo había despertado y el chofer comenzó a gritar que se bajaran del bus, la joven lloraba en el suelo y los ebrios ya estaban abajo de la micro. "OK, bajemos" dijo el joven y bajaron sólo ellos dos. La micro siguió su camino y la tensión se sentía cada vez más. No se cruzaron palabra alguna y comenzaron a pelear. Ninguno acertaba con algún golpe potente hasta que el joven dio un puñetazo directo en el corazón. El hombre saltó hacia atrás un tanto resentido y dijo "es hora de ir en serio no crees?". Con una mirada desafiante y llena de seguridad el joven le respondió: "creo que es hora de que te vayas a casa no?". El hombre miró el cielo y comprendió que no podía seguir con esto. "Terminaremos esto otro día" dijo y desapareció rápidamente del lugar.

El joven se quedó sentado en un paradero de buses un rato. Los rayos del sol le golpeaban la cara y se podían ver rastros de la pelea en su cuerpo. A su lado se sentó la joven que iba en el bus, "gracias", le dijo. "Olvídalo" respondió el joven. "Te puedo preguntar algo?", agregó. "Como puedes soportar ese olor?". "Qué olor?, no se a que te refieres" dijo la mujer. El joven sólo sonrió. Estuvieron un rato sentados ahí sin decir nada más. Un Bus se acercaba, "te sirve esa?", pregunto el joven. La joven asintió con la cabeza. Ambos subieron y continuaron sus caminos a casa.

lunes, mayo 03, 2010

Sólo una historia (0/?)

Era la celebración de algo importante en la ciudad y toda la gente estaba en las calles sin importar el frío ni la lluvia que se dejaba caer a ratos en esa noche de invierno. Era una ciudad a orillas del mar, con muchos cerros, calles empinadas no muy grandes salvo un par de avenidas principales, un gran puerto repleto de embarcaciones y una avenida al borde del mar que de noche tenia un lugar muy iluminado, lleno de vida, y otro cercano al puerto muy oscuro y abandonado. Era una noche sin luna y el brillo frio de las estrellas se dejaba ver a traves de las nubes amenazantes que cruzaban el cielo.

En medio de la gran fiesta que habia en las calles, de los bailes, la música, los cantos, la comida y la bebida, se encontraba una joven que aunque estuviera rodeada por muchas personas se sentía solitaria. Era una joven delgada, pelo liso y largo hasta la cintura, lindo rostro, y estatura sobre la media. Vestía unos jeans azules, unas zapatillas negras con blanco, una chaqueta negra, bajo esta traía un chaleco del mismo color, por el frío usaba unos guantes de lana que dejaban sin cubrir sus largos dedos y el pompón de algo que debía ser un gorro se asomaba por uno de los bolsllos de la chaqueta. Se le veía feliz y sonreía a cada instante, pero en su interior estaba buscando algo más, estaba intranquila, pero en ese momento debía disimular porque no quería que nadie notara lo que sentía.

En un momento la fiesta y la muchedumbre terminaron por aburrirla así que decidió alejarse a caminar solitaria por las calles alejadas de la fiesta. Comenzó a caminar hacia el mar bajando por una calle no muy iluminada. Viajaba al mismo tiempo sumergida en sus pensamientos cuando derrepente le pareció ver una sombra en una esquina que la observaba, prestó más atención pero no pudo ver nada así que pensó que sólo era su imaginación. En la siguiente esquina vió la misma sombra, ya no creia que fuera su imaginación, pues pudo distinguir una figura masculina con un largo abrigo que doblaba en la esquina y se ocultaba al sentirse descubierto. Apuró el paso para ver si podía alcanzar a esta persona, pero al llegar a la esquina donde la vió desaparecer no logro ver nada. Siguió caminando pensando que quizas habia sido sólo su imaginación, pero no estaba muy convencida de esto. Seguía pensando en quién era esa persona, cuando a una cuadra de llegar a la costanera, de un callejon, apareció de sorpresa un hombre que le pidió dinero. Tenía un gorro oscuro de lana, una bufanda que no dejaban ver su rostro y un abrigo desgastado lo cubría desde el cuello a los pies. Ella asustada dijo que no tenía dinero y echó a correr cruzando la calle lo más rápido que pudo. El hombre comenzó a perseguirla hasta alcanzarla y se la subió a los hombros. Los gritos y pataleos de la joven eran inutiles, se la llevó por calles cercanas a la costanera caminando en dirección al puerto donde esta avenida se vuelve un lugar oscuro. La joven no dejaba de gritar y resistirse, pero el bullicio de las calles cercanas hacian imposible que alguién la escuchara. En un momento el hombre tropezó producto del forcejeo con la joven y ambos cayeron al suelo. Ella desesperada al ver que el hombre venía denuevo a atraparla comenzó a dar golpes al aire, uno de estos golpes le dió de lleno en la entrepierna al sujeto y lo hizo caer de rodillas al suelo. La joven tomó esta oportunidad y corrió desesperada hacia la costanera, pero derrepente, un agudo y fuerte ruido se sintió, el secuestrador habia sacado un revolver de su bolsillo y disparó hacia la joven, esta siguió corriendo con todo lo que podía, cada vez más lento y con menos aliento. Estaba cerca de un muelle en la costanera, todo se encontraba muy oscuro y al voltear vió que el hombre se acercaba a ella nuevamente, ya no podía correr más, un disparo la había alcanzado y comenzó a desmayarse pensando que sería su fin, pues lo último que pudo ver fue al hombre a un par de metros de ella con una mirada furiosa y salvaje que se acercaba. Al caer, lágrimas corrían por sus ojos, sangre brotaba de un costado de su estómago mezclandose con una posa dejada por la lluvia que había caido hace poco y la vida se le escapaba en cada segundo.

Derrepente pudo abrir los ojos, lo primero que vió fue un hombre que la sujetaba en sus brazos mientras estaba en el suelo, después comenzó a mirar a su alrededor para ver donde estaba, seguía en el mismo lugar donde cayó desmayada y el sujeto que la venía persiguiendo estaba tirado en el suelo uno metros más allá. Volvió a mirar a aquel hombre que la había salvado para darse cuenta de que era el sujeto que la estaba observando antes de que todo esto sucediera, estaba sorprendida pero no podía emitir palabra alguna. Recordó que estaba herida y llevó su mano al lugar donde la bala había impactado, no sintió dolor y no encontró marca o cicatriz alguna, sólo restos de sangre de una herida que ya no existía. Miró fijamente al hombre, quien no dejaba de sujetarla, y le preguntó si había sido él quien la había salvado, el respondió que sí. La joven impactada por todo lo que habia pasado, sintió algo extraño y se llevó una mano al cuello, el hombre la detuvo y le dijo que no era necesario, ella sabía bién lo que había pasado, y que ahora, ella era una más de su tipo en este mundo.