domingo, agosto 01, 2021

Escribe

Escribe, aqui o en papel, pero escribe.

La memoria es frágil y sirve para pegarse una mirada a uno mismo cada cierto tiempo y ver si vas mejorando o no se plasmar cosas.

see you space cowboy

sábado, agosto 13, 2016

Jesús

...Jesús también murió en su cunvia...

Epitafio

Aquí yace el Brayatan... murió en su cunvia.

domingo, mayo 29, 2016

Niñez

Día de paseo por Franklin, un café con sabor a navegado en el matadero, almuerzo en el persa. Caminata bajo la lluvia y un café...

Fue un lindo día, me volví a sentir un niño que sale a pasear, que chapotea bajo la lluvia, que conoce a alguien con quien salir a jugar. Que no le importan muchas cosas, que no tiene grandes planes, solo grandes sueños. Un niño que quiere compartir, que se quiere reír y que lo quiere pasar bien. Inocencia, cariño, amistad... 

... I can tell that we are gonna be friends...

lunes, mayo 16, 2016

Ignorar

Como esos ojos en la oscuridad, una mezcla entre azul y negro. No te puedes esconder, solo los puedes ignorar.

Y ahí vas caminando por la mañana, entre las hojas que caen de los árboles y un camino de tierra. El ruido de los autos contrasta con el sonido del viento. No piensas en nada, consideras que eso es libertad. El viento sopla fuerte, te cubres y no piensas en nada más. Cierras los ojos y sigues en lo que estás. Das vuelta a un lado, das vuelta al otro. Abres los ojos y ves como el cielo pasa de nubes a limpio y de limpio a nubes una ves más, una mezcla de entre negro y azul, como los ojos en la oscuridad de los que no te puedes ocultar. Te asustas, te levantas y decides que el día debe comenzar.

martes, abril 26, 2016

Icarus

Te dan las alas, te dicen como volar. No muy alto, no muy bajo... qué haces?, no te importa, no escuchas y vuelas lo más alto que puedes... estás al lado del sol, lo sientes, te quema, sonríes. Las alas se derriten, te asustas, caes, caes y caes... Si tienes suerte sobrevives... No te volverán a prestar las alas y lo sabes, estuviste al lado del sol pero no lo alcanzaste, solo lo viste de cerca y eso agranda tu angustia...

jueves, abril 21, 2016

Calle

El silencio, el frío y la soledad. La calle vacía, la mente ocupada. Un cielo difuso, la luna creciendo. Tristeza, miedo. Cansancio, dolor y angustia.

lunes, marzo 07, 2016

Obvio

Obvio que estoy feliz por ti... lo que pasa es que estoy triste por mi...

viernes, marzo 04, 2016

Morfina

Todos tenemos nuestra morfina... y no hay nada que podamos hacer

sábado, enero 23, 2016

Ernesto nos vamos

Ernesto despertó esa mañana con la alarma del celular, abrió los ojos lo más que pudo, golpeó el velador hasta encontrar el aparato, lo apagó, prendió la luz y se sentó al borde de la cama. Volvió a tomar su teléfono y comenzó a revisar los mensajes que tenía, no eran muchos. Revisó su mail, pero no abrió ningún correo, lo dejaría para más tarde.

Mientras refunfuñaba se levantó de la cama, los ojos medios cerrados, la boca seca. Se estiró como pudo, intentó abrir bien los ojos, buscó una toalla, ropa limpia y fue directo al baño. Ernesto contempló su rostro en el espejo como todas las mañanas, se rascó la cabeza y algo raro notó en su reflejo, pero no le dio importancia. Ernesto hizo sus necesidades, se duchó, se afeitó, se lavó los dientes, se vistió y se peinó, como todas las mañanas. Estaba listo para tomar desayuno y eso le gustaba.

Ernesto ya despierto, dándose cuenta que estaba atrasado, se apresuró a ir a la cocina a preparar su desayuno. Entró corriendo, pero de imprevisto quedó inmóvil, perplejo, se puso frío como el hielo y no entendía que pasaba. Ahí, sentada en la mesa de la cocina, seria, arreglada para salir y con una maleta a su lado se encontraba ella, su nariz. Sí, su nariz, había decidido irse, estaba cansada y aburrida de que Ernesto no le diera la importancia que merecía. Ernesto ante esta situación lo primero que hizo fue llevarse las manos a su cara y ahí estaba, o mejor dicho no estaba, lo que alguna vez fue su nariz. No lo podía creer pero lo estaba viendo con sus propios ojos. mientras la nariz terminaba de desayunar y se aprontaba a retirarse. Saliendo un poco de la impresión Ernesto trató de pedirle un explicación a su nariz y evitar de que se fuera, mas las palabras no lograron salir con coherencia de su boca. La nariz siguió su camino, no se volvió a mirar a Ernesto y deseándole que estuviera bien cerró la puerta y se marchó.

Sentado en la silla de la cocina sin poder desayunar, Ernesto recordó que estaba atrasado y que si no se presentaba ese día en el trabajo lo más probable era que lo despidieran. Así que decidió resolver el asunto de su nariz más adelante y se fue a su trabajo como en cualquier día normal.

Camino al trabajo Ernesto sentía como la gente lo miraba raro, sin embargo nadie parecía asombrarse de ver un hombre sin su nariz. Ernesto llegó a su trabajo y la gente lo saludó como de costumbre, nadie le dijo palabra alguna sobre rostro por lo que pensó que no querían incomodarlo, ¿Cómo era posible que nadie le preguntara que había pasado con su nariz?. Ernesto trabajó todo el día como siempre, almorzó con sus compañeros y hasta hizo planes para el viernes con ellos después del trabajo, lo de su nariz lo olvidaba por completo en algunos momentos. Ya llegada la tarde y la hora de irse, Ernesto se acercó a una de sus compañeras de trabajo, con la que tenía mas confianza, y le preguntó si no notaba nada extraño en él. Su compañera le dijo que algo había notado en su actitud pero que nada muy grave. Ernesto contrariado porque no era precisamente esa la respuesta que buscaba, casi gritándole, le preguntó que como era posible que no notara la ausencia de su nariz. Su compañera confundida no entendía que pasaba, trató de explicarle a Ernesto que su nariz no tenía ningún problema, mientras Ernesto hacía lo posible por darle a entender que no estaba en su rostro y que esa mañana había tomado sus cosas y se había largado. Al final no llegaron a ningún acuerdo, su compañera asustada le dijo que mejor se fuera a su casa y descansara, luego de eso se marcho rápidamente. Ernesto pensó que se estaba volviendo loco, por lo que terminó de trabajar y decidió irse a su casa a dormir y descansar sin pensar más en la nariz que le faltaba. Agarró sus cosas y se fue directo a su casa. Se puso los audífonos, música relajante y se durmió todo el trayecto. Finalmente llegó a su casa. No cenó, fue al baño, se lavó los dientes, en ningún momento quiso mirarse al espejo y finalmente se acostó a dormir.

Ernesto despertó a la mañana siguiente por su cuenta, abrió los ojos lo más que pudo, golpeó el velador hasta encontrar su celular, lo miró y vio que era tarde, prendió la luz y se sentó al borde de la cama. Volvió a tomar su teléfono y comenzó a revisar los mensajes que tenía, no eran muchos. Revisó su mail, pero no abrió ningún correo, lo dejaría para más tarde.

Mientras refunfuñaba y se quejaba porque la alarma no había sonado, se levantó de la cama con prisa, los ojos medios cerrados, la boca seca. Se estiró como pudo, intentó abrir bien los ojos, buscó una toalla, ropa limpia y fue directo al baño. Ernesto contempló su reflejo en el espejo como todas las mañanas, se rascó la cabeza y algo raro notó, pero no le dio importancia. Ernesto hizo sus necesidades, se duchó, se afeitó, se lavó los dientes, se vistió y se peinó, como todas las mañanas. Estaba listo para tomar desayuno y eso le gustaba.

Se encontraba tomando desayuno tranquilamente cuando le pareció curioso no sentir los olores del té ni el pan tostado con mantequilla que se había preparado. No le dio mayor importancia y asumió que se encontraba a punto de resfriarse. Fue a prender la tele para ver algo de noticias, lo extraño era que por más volumen que le daba a la tele esta no sonaba. Ernesto furioso pensó que la tele estaba en mal estado. En eso miró hacía la puerta ,y con espanto, vio paradas frente a él, como dos hermanas gemelas, a sus preciadas orejas. Sí, sus orejas, que le indicaban un sobre que había sobre la mesa. Ernesto en un estado de angustia tomó el sobre, lo abrió y leyó una nota en que sus orejas le decían que se iban, estaban cansadas de ser tratadas mal, sin respeto, y que ya no soportaban esa situación, al mismo tiempo le explicaban que no se preocupara, no es que fuera a quedar sordo, pero que al principio le costaría acostumbrarse, ya no escucharía todo, pero iba a poder sobrevivir. Ernesto terminó de leer la nota, aún más confundido miró a sus orejas y les dijo que por favor no se fueran, pero estas hicieron caso omiso, se calzaron un sombrero se despidieron cordialmente partieron.

Ernesto terminó de tomar su desayuno, pensaba que eso no era posible, recordó el incidente de su nariz y pensó que se estaba volviendo loco. De todas formas le era necesario ir a su trabajo, tenía muchas cosas que hacer. Decidió no darle importancia a lo que había pasado y se apresuró a irse.

Camino al trabajo se colocó sus audífonos, no escuchaba la música, quiso no darle importancia y lo atribuyó a que los audífonos estaban en mal estado. Llegó al trabajo, saludó como todos los días, algunos le respondieron el saludo otros pareció que lo ignoraban. Ernesto no le dio importancia y comenzó a trabajar. Fue a reuniones, no entendía mucho lo que pasaba, avanzó poco en el trabajo por lo que se desesperó. Llegó el almuerzo, se juntó con sus compañeros que lo miraban medio raro. Su compañera más cercana estaba almorzando con otras personas por lo que no quiso preguntar nada a sus compañeros sobre su situación. Ernesto volvió al trabajo, trató de terminar lo que tenía que hacer pero no se concentraba, llegó la hora de irse y decidió quedarse más tiempo, tenía que terminar eso. Sus compañeros se despidieron de él, Ernesto no lo advirtió, solo escuchó las puertas cerrándose. Siguió en su trabajo hasta terminarlo, ya era tarde, estaba cansado. Tomó sus cosas y se fue. El viaje de vuelta a su casa lo durmió todo. Llegó a su hogar, cenó y sintió un sabor especial en la comida, se fue a acostar con esa sensación y no pensó en nada más, finalmente se durmió.

Ernesto despertó a la mañana siguiente por culpa de su celular, abrió los ojos lo más que pudo, golpeó el velador hasta encontrar el artefacto, lo miró y vio que era tarde, prendió la luz y se sentó al borde de la cama. Volvió a tomar su teléfono y comenzó a revisar los mensajes que tenía, no eran muchos. Revisó su mail, pero no abrió ningún correo, lo dejaría para más tarde.

Mientras refunfuñaba y se quejaba, se levantó de la cama con prisa, los ojos medios cerrados. Se estiró como pudo, intentó abrir bien los ojos, buscó una toalla, ropa limpia y fue directo al baño. Ernesto contempló su reflejo en el espejo como todas las mañanas, se rascó la cabeza y algo raro notó, pero no le dio importancia. Ernesto hizo sus necesidades, se duchó, se afeitó, se vistió y se peinó, como todas las mañanas. Estaba listo para tomar desayuno y eso le gustaba.

Se preparó una taza de leche, calentó un pan y busco una fruta en el refrigerador. Prendió la tele y se sentó a desayunar. Al llevarse la taza de leche a la boca, sin entender que pasaba, derramó un buen poco sobre su ropa, se levantó apresurado y corrió a cambiarse y limpiarse mientras se quejaba de lo imbécil que había sido. Al entrar la habitación estuvo al borde de desmayarse, ahí recogiendo unas cosas y guardándolas en una maleta estaba su boca. Sí, su boca, que lo miraba con una mueca de desprecio. Ernesto no lo podía creer, ahora era su boca la que estaba frente a él y se iba. Intentó decir algo y no pudo. Su boca lo ayudó a comprender lo que sucedía y le dijo que se iba porque merecía algo mucho mejor, quería intentar cosas nuevas, conocer el mundo. Añadió para la tranquilidad de Ernesto que no se preocupara no era que no pudiera volver a hablar o comer, solo tenía que encontrar la forma de hacerlo. Lo que terminó de ordenar sus cosas, empacar el cepillo de dientes y el hilo dental, tomó un paraguas y se fue dando un portazo. Ernesto perplejo al borde de la locura no encontraba forma de calmarse, no entendía que pasaba, comprendió que no tenía sentido terminar el desayuno, por lo que lo tiró al tarro de la basura. Recordó que estaba atrasado para llegar al trabajo y tenía muchas cosas que hacer. Decidió no preocuparse del asunto hasta después y se fue.

El camino al trabajo fue eterno. Ernesto no podía controlar sus pensamientos, el trabajo lo agobiaba, tenía que terminar ese día lo que había quedado pendiente. Llegó, entró, saludó con un gesto de mano a todos en el lugar y se sentó a trabajar. Fue una mañana muy productiva, terminó lo pendiente y lo que se había propuesto para esa mañana. Sus compañeros lo llamaron a almorzar pero Ernesto no quiso ir, siguió trabajando, estaba realmente concentrado. Su compañera preocupada lo fue a ver, le preguntó si estaba bien, Ernesto asintió con la cabeza mientras seguía trabajando. Su compañera le dijo que estaba preocupada y que no pensara que lo estaba evitando, solo que todo había sido muy raro, Ernesto contento con lo que había escuchado intentó devolverle una sonrisa, no pudo. Su compañera ante la nula reacción de su compañero, sin nada más que agregar, se despidió y se fue a su lugar de trabajo. Ernesto siguió así el resto de la tarde, trabajando con todo. Los problemas se le habían olvidado, ni siquiera se dio cuenta de la hora ni cuando se fueron sus compañeros, Ernesto se quedó hasta tarde nuevamente, avanzó mucho en el trabajo ese día. Finalmente se fue a su casa agotado, tomo la locomoción, no durmió en el camino de vuelta, solo pensó lo mucho que había trabajado. Llegó a su casa se desvistió y finalmente se acostó a dormir.

Ernesto despertó a la mañana siguiente por culpa de su celular, intentó abrir los ojos pero no pudo, golpeó el velador hasta encontrar su celular, lo tomó, intentó mirarlo y no pudo, intentó prender la luz sin mucho éxito y se sentó al borde de la cama. Volvió a tomar su teléfono e intento revisar los mensajes que tenía, no lo consiguió. Asustado como se encontraba, sin saber que hacer, intentó gritar, no lo logró. En eso estaba cuando escuchó parte de una voz que algo mencionaba sobre mal trato, que merece algo mejor, que ojos, que adiós. Algo que le llamó la atención fue eso de que iba a encontrar una forma de ver, que no se preocupara.

Mientras refunfuñaba y se quejaba, sin entender que pasaba, se levantó de la cama con prisa. Se estiró como pudo, buscó una toalla, ropa limpia y fue directo al baño. Ernesto se rascó la cabeza y no notó nada raro. Ernesto hizo sus necesidades, se duchó, se afeitó, se vistió y se peinó, como todas las mañanas. Estaba listo para tomar desayuno y eso le gustaba.

Se dio cuenta lo tarde que era, aunque no veía nada salvo manchas y borrones, prendió el televisor. Al instante de haber hecho esto recordó que tenía que trabajar, no podía faltar por lo que se fue sin tomar desayuno, eso iba a ser una perdida de tiempo. Se olvidó del incidente de esa mañana con sus ojos y se apresuró al irse al trabajo. Decidió ocuparse de esos asuntos lo que tuviera tiempo.

El camino al trabajo fue tranquilo, nada que le llamara la atención. Ya no sentía que la gente lo miraba raro, pensó que solo eran ocurrencias suyas. No se preocupó de nada que no le fuera realmente importante, en ese momento su prioridad era el trabajo que debía cumplir. Llegó, saludó a todos con un gesto de mano, y se sentó a trabajar. así estuvo hasta la hora de almuerzo. Sus compañeros lo fueron a buscar para almorzar, Ernesto accedió, fue a buscar a su compañera y le pidió que la acompañara. Se sentaron  todos como siempre  en la misma mesa, Conversaron un rato, sin embargo Ernesto no entendía mucho y tampoco participaba mucho de las conversaciones. sus compañeros no le dieron importancia a esto y el mismo Ernesto no quiso mencionar nada sobre los incidentes que había tenido, no quería que pensaran que estaba loco. Después de esto todos volvieron a su trabajo, Ernesto antes que el resto pues tenía mucho que hacer todavía. Pasó el resto de la tarde y Ernesto trabajó sin parar. Se le hizo tarde nuevamente sin darse cuenta, no le dio mayor importancia y se fue a su casa. Estaba muy cansado por lo que llegó y se durmió. No pensó en absolutamente nada.

Ernesto despertó a la mañana siguiente por culpa de su celular, golpeó el velador hasta encontrar el maldito aparato, lo tomó, intentó prender la luz y se sentó al borde de la cama. Volvió a tomar su teléfono para revisar los mensajes que tenía. Revisó su mail, pero no abrió ningún correo, lo dejaría para más tarde.

Mientras refunfuñaba y se quejaba. Se estiró como pudo, buscó una toalla, ropa limpia y fue directo al baño. Ernesto se rascó la cabeza y no notó nada raro. Ernesto hizo sus necesidades, se duchó, se afeitó, se vistió y se peinó, como todas las mañanas. Estaba listo para tomar desayuno y eso le gustaba.

Se preparó desayuno, prendió la tele, vio que estaba atrasado, pensó en lo rara que había sido esa semana pero no le dio importancia, Estaba en eso cuando escuchó una voz que lo llamaba por su nombre. Asustado miró a todas partes, la voz le decía que se calmara. Ernesto movido por el miedo registró toda la casa en busca de quien le hablaba. Estaba a punto de llamar a la policía cuando la voz le dijo que se calmara y se quedara quieto, Ernesto inmediatamente se calmó y se quedó quieto. La voz continuó diciéndole que se iba, que ya no tenía porque estar ahí, todos se habían ido y no le veía sentido a permanecer con él. Le mencionó además que se llevaba a corazón, aunque nunca estuvieran de acuerdo era su mejor amigo. Le dijo que no se preocupara, no iba a notar mucha diferencia después de que se fueran, total, ya no los tomaba en cuenta. Posterior a esto sintió que le quitaban algo de encima. Se relajó y terminó con su desayuno, tomó sus cosas y se fue a trabajar.

Tomo la locomoción con destino a su trabajo como por inercia. llegó, saludó y se sentó en su cubículo. Así estuvo hasta el almuerzo. Antes de almorzar su jefe lo llamó y lo felicitó por el excelente trabajo que había hecho esa semana, que a pesar de lo raro que había estado los primeros días se las había arreglado para sacar a delante un trabajo increíble. Le pidió que por favor le dijera como lo logró. Ernesto le respondió que solo trabajando, nada más. Se ganó un aumento por esto. Sus amigos lo felicitaron, almorzaron juntos y siguieron trabajando. Así pasó la tarde, Por inercia Ernesto se levantó y se fue con sus compañeros por algo para beber terminada la jornada, era viernes y lo tenían planeado, después se fue a su casa, no pensó en nada más y se durmió.

domingo, enero 17, 2016

Tener

Al final del día... o al principio de este... qué es lo que tenemos?... qué es lo verdaderamente nuestro?...

... pues nada que esté fuera de nosotros mismos... solo tenemos nuestros recuerdos, nuestras historias... y gracias a eso pensamos, entendemos y creamos... no tenemos nada más que nuestros pensamientos... no tenemos nada más que nosotros mismos y las historias que podamos imaginar...

... nada es tuyo, absolutamente nada... por eso mismo... hay que atreverse un poco más, total... de la nada venimos, y al final, nos convertiremos en nada... qué tenemos que perder?... pues nada!

domingo, enero 03, 2016

lunes, noviembre 16, 2015

Doctor Who

Y es por cosas como esta que Doctor Who es mi serie favorita... y además porque todos necesitamos un héroe en quien confiar...




The Doctor: And we're off! Fingers on buzzers! Are you feeling lucky? Are you ready to play the game? Who's going to be quickest? Who's going to be the luckiest?

Kate: This is not a game!

The Doctor: No, it's not a game, sweetheart, and I mean that most sincerely.

Bonnie: Why are you doing this?

Kate: Yes, I'd like to know that too. You set this up -- why?

The Doctor: Because it's not a game, Kate. This is a scale model of war. Every war ever fought right there in front of you. Because it's always the same. When you fire that first shot, no matter how right you feel, you have no idea who's going to die. You don't know who's children are going to scream and burn. How many hearts will be broken! How many lives shattered! How much blood will spill until everybody does what they're always going to have to do from the very beginning -- sit down and talk! Listen to me, listen. I just -- I just want you to think. Do you know what thinking is? It's just a fancy word for changing your mind.

Bonnie: I will not change my mind.

The Doctor: Then you will die stupid. Alternatively, you could step away from that box. You could walk right out of that door, and you could stand your revolution down.

Bonnie: No, I'm not stopping this, Doctor. I started it. I will not stop it. You think they'll let me go after what I've done?

The Doctor: You're all the same, you screaming kids, you know that? "Look at me, I'm unforgivable." Well here's the unforeseeable, I forgive you. After all you've done. I forgive you.

Bonnie: You don't understand. You will never understand.

The Doctor: I don't understand? Are you kidding? Me? Of course I understand. I mean, do you call this a war, this funny little thing? This is not a war. I fought in a bigger war than you will ever know. I did worse things than you could ever imagine, and when I close my eyes... I hear more screams than anyone could ever be able to count! And do you know what you do with all that pain? Shall I tell you where you put it? You hold it tight... Til it burns your hand. And you say this -- no one else will ever have to live like this. No one else will ever have to feel this pain. Not on my watch.

The Doctor: Thank you. Thank you.

Kate: I'm sorry.

The Doctor: I know. I know, thank you. Well?

Bonnie: It's empty, isn't it? Both boxes -- there's nothing in them. Just buttons.

 The Doctor: Of course. But you know how you know that? Because you've started to think like me. It's hell, isn't it? No one should have to think like that. And no one will. Not on our watch.

The Doctor: Gotcha.

Bonnie: How can you be so sure?

The Doctor: Because you have a disadvantage, Zygella. I know that face.

Kate: Well, this is all very well, but as know the boxes are empty now. We can't forget that. The

Doctor: No, well, uh... You've said that the last 15 times.

domingo, noviembre 15, 2015

Repetir

Hace un tiempo intenté hacer algo muy común entre las gentes, dije: "bueno, si casi todo el mundo lo hace en volá no es tan malo"...

... Fui y me compré un loro, un periquito, de esos verdes que repiten lo que uno les dice... Lo compré para que me ayudará con un asunto...

... El asunto era el siguiente, yo le tenía que enseñar cierta frase y él me la tenía que decir todos los días. El loro aprendió la frase sin problemas y me la repetía todos los días y todas las noches. Fue genial, resulta que al cabo de un tiempo comencé a creerle al loro lo que me decía, y ya no parecía una frase sin sentido. Yo mismo terminé repitiendo lo que le había enseñado al loro sin darme cuenta... y con eso el problema pareció arreglarse...

... Hasta hace unos días atrás, que me cansé de las mentiras del loro y me deshice de él... se lo regalé a alguien más y yo mismo me dejé de mentir...

miércoles, octubre 21, 2015

lunes, octubre 19, 2015

Lanza

Ya me respondí varias cosas que me tenían un poco confundido... por lo mismo volveré a entrenar con todo... me falta aprender la forma de lanza para subir de nivel, sin embargo yo no encuentro que este listo todavía... hay muchas cosas que no entiendo bien... hay muchas cosas que me falta aprender, no son simples coreografías, no es un baile que vas haces y te sientas, es todo un mundo... tengo que practicar, aprender lo básico de la lanza es la prioridad por ahora... debo entrenar y así mejorar... un arma es una extensión de uno mismo, en estos momentos la lanza es prioridad...

... mi lanza atravesará los cielos...

lunes, septiembre 28, 2015

Desayuno

-¿Qué quieres de desayuno?- Me preguntó con una sonrisa en el rostro.
-Con un té, y quizás un pan con huevo, estoy bien- Respondí con una sonrisa yo

... No me gusta mentir, pero esa mañana lo tuve que hacer...

miércoles, septiembre 16, 2015

Dormir

El no poder conciliar el sueño... dichosos aquellos que pueden dormir a penas apoyan la cabeza en la almohada...

miércoles, septiembre 09, 2015

El Profesor de la revolución

-Hola
-Hola, ¿cómo estás?
-Bien, ¿y tú?
-Bien también
-Oye, te hablo por interés/pedirte un favor
-¿En qué puedo ayudar?

Así es como partió una conversación con una compañera, alumna en uno de los cursos de los que soy ayudante, que me necesitaba para un pequeño asunto.

El tema es que me necesitaban para que hiciera una clase abierta en la universidad, mientras nos encontrábamos en paro, y aprovechara de hablar sobre la revolución a los alumnos de primer año o a quienes llegaran. Era urgente, para el día siguiente, entre las dos y las cinco de la tarde.

Mientras me cuestionaba sobre qué podría decir yo en pro de la revolución, le pregunté a mi compañera, fiel representante y luchadora de esta causa, de que materia debía hacer la clase precisamente. Ella me dijo que de álgebra, un repaso de todo. Estuve de acuerdo en ayudar, fijamos la hora y en agradecimiento me gané un corazón. Al mismo tiempo, pensé que sería mejor que ella hablara sobre el tema, pues era mejor idea a que yo lo hiciera. Me dijo que no sabía si podía ir y que en caso de ser necesario me enviaría un punteo sobre más o menos que decir.

Bueno, con la sala y hora fijada, procedí a preparar la clase y esperar el punteo sobre que decir. Seguía pensando que era mejor no decirle a la gente todo lo que yo opinaba sobre la revolución. Invité gente a la que le hago clases regulares de álgebra a que fueran y que invitaran a sus compañeros. Le avisé a un amigo, siempre metido en estos temas, a que me ayudara a hablar sobre esto y si quería fuera él a hablar también. Quedó en responderme. Y yo quede esperando.

Esperé el punteo sobre que decir y nunca llegó. Terminé de preparar la clase, decidí pensar al otro día sobre que decir y me fui a dormir...

...Soñé un par de cosas locas, nada que ver con la revolución ni con las clases, soñé con un perro que le ladraba a una pared mientras otro perro descansaba a la sombra de un árbol. Soñé que el perro que ladraba se quedaba sin aliento mas la pared seguía ahí, de hecho parecía que se había vuelto más grande. El perro a la sombra ignoraba al perro que ladraba, aun cuando este lo necesitaba en su misión de ladrarle a la pared. De repente, la pared pareció ceder y un ladrillo salió volando de su estructura y fue a dar contra la cabeza del perro a la sombra, quien se molesto. El perro ladró una vez más y la pared soltó otro ladrillo, que fue a dar nuevamente al perro a la sombra, este se molestó aun más. El problema era que la pared se regeneraba, se necesitarían más ladridos para botarla. El perro ladrador fue a buscar al que estaba en la sombra para que le ayudara. El que estaba en la sombra, molesto por los ladrillos en la cabeza, se negó rotundamente. El perro ladrador volvió a lo suyo y los ladrillos fueron a parar al perro que descansaba otra vez. Al final el perro a la sombra se enojó y comenzó a ladrar, pero no contra la pared, si no que contra el otro perro, que cansado ya no podía igualar en fuerza a los ladridos de aquel que había estado descansando. La pared continuó creciendo, el perro ladrador se quedo sin voz y el perro a la sombra volvió a dormir. Me acerqué a ver que había al otro lado de la pared, sorpresa mía cuando lo que vi fue un prado con muchos árboles que prestaban su sombra para dormir...

Al despertar, desayuné sin recordar que tenía que hablar sobre la revolución, es más, ni me preocupé, total el asunto era después de almuerzo, así que avancé con otras cosas que tenía que hacer. Respondí unos mails, estudié un poco de cosas que no me iban a preguntar en ninguna parte, leí sobre temas innecesarios y al final almorcé. Revisé la clase que iba a hacer y me dispuse a salir de mi hogar para llegar a la universidad. En el trayecto me di cuenta de dos cosas: La primera, no tenía plumón así que debía pasar a comprar. Lo más probable es que en la universidad no hubiera, así que intenté comprar en algún almacén que encontrara en el camino. La segunda, sabía sin saber que les iba a decir sobre la revolución a los asistentes a mi clase. Eso era un problema, pues mis ideas si bien están de acuerdo con el tema, pueden sonar un tanto extrañas para quienes no estén acostumbrados a escucharme hablar.

Elaboré un discurso para empezar la clase, preguntas a los estudiantes sobre el tema y diseñé una linda conversación en mi cabeza sobre la revolución. Resultado, eso no iba a resultar. Seguía sin saber que decir. Decidí dejar que todo fluyera, iba a hacer la clase, tocar el tema y dejar que ellos conversaran entre sí, indicándoles algunas cosas de vez en cuando. Sí, eso sonaba a un buen plan. Ya más relajado compré el plumón y llegué a la sala donde debía hacer la clase.

Había como ocho personas en la sala, pero a mi primera mirada noté que no parecían alumnos. Uno de ellos, que tenía canas y cara de ser profesor hace mucho tiempo, por la chaqueta, el maletín y la mirada, me habló.

-Hola, buenas tardes
-Buenas tardes, vengo a hacer la clase de álgebra
-¿Usted es el profesor?
-O sea, soy ayudante de esta asignatura
-Ah, pero que bien. Nosotros nos moveremos a otra sala entonces a seguir con lo que estábamos

Mientras dijo esto, yo me ubiqué en la mesa del profesor y dejé mis cosas. El resto de las personas mayores que estaban en la sala se pararon, me saludaron y me hicieron un par de preguntas.

-¿De qué va a hacer la clase?
-De álgebra
-Eso ya nos lo dijo, pero la materia
-Ah perdón. Estructuras algebraicas, grupos, anillos, cosas como esas y si alcanzamos morfismos.
-Está bien, suerte con su clase, si necesita algo nos avisa, somos profesores de matemática.
-Gracias les dije yo

Las personas mayores se fueron, eran como cuatro. Quedaron un par de alumnos, por la apariencia obvio que eran alumnos. Dos de ellos se me acercaron, una alumna y un alumno. Se presentaron ante mi como miembros de al federación, me dieron las gracias y me quedaron de contactar en caso de que fuera necesario, en pro de la revolución.

Al final en la sala quedaron dos personas, ellos venían a la clase. -Que convocatoria- pensé yo - deprimente, como todo por acá- Mientras miraba el estado de la sala y el resto de la universidad. Aunque eso era normal, por algo la revolución.

Saludé a los que quedaron en la sala y me presenté. No terminaba de decir mi nombre y llegaron dos alumnos más. Al rato después de explicar que haría una clase de álgebra llegó uno más que entró sin decir nada y se sentó.

Comencé contándoles a los chicos que sinceramente no sabía que decir sobre la revolución, que iba a hacer la clase y mientras tanto iba a hablar sobre el tema, pero siempre desde mi punto de vista. Les pregunté a ellos que pensaban del paro y porque habían asistido a está clase.

-Estoy de acuerdo con las demandas y con la revolución
-Yo también

Indicaron dos de ellos, pero a continuación agregaron.

-Yo vine porque siento que la última materia no la aprendí bien y quiero reforzar para no sacarme mala nota
-Yo no se nada y cuando vuelva a clases me voy a sacar puros rojos.
-Yo vine porque no quiero reprobar

Y la conversación comenzó a girar entorno a las notas y las evaluaciones más que a la revolución, por lo que decidí comenzar la clase. Los presentes entendían el conflicto, pero estaban más preocupados de sus notas que de otra cosa. Aunque mostraron un interés sincero en que se lograra algo con toda esta revuelta.

Comencé a explicar la materia mientras ellos atentos me miraban, me hacían preguntas y resolvían ejercicios. Se habló un poco más de la revolución tratando de colocar la discusión sobre la mesa, pero era complicado. Yo hablaba y la revolución parecía no importar más que para estar de acuerdo con lo que se pedía. En eso terminé de escribir una tanda de ejercicios y les pedí que la resolvieran entre ellos, para yo sentarme y hablar un poco más sobre el tema.

Estuvieron de acuerdo y comenzaron a trabajar. Me dirigí al escritorio y me senté...

...Miré por la puerta entre abierta hacia afuera y vi como caía la nieve, sentí que el frío me calaba los huesos y maldije por esa calefacción que no estaba funcionando. Vi las tropas pasar por el patio y sentí los cantos graves y tristes a lo lejos. Escuché violines, disparos y la caballería pasando por ahí. Volví a pensar en la calefacción, pero agradecí por lo menos de tener luz para alumbrar el salón. Un chico con un fusil al hombro se asomó por la puerta y sonrió. Tras él apareció un perro, se sacudió la nieve y entró al salón, se dirigió al fondo de la sala y se echó en un rincón. A él parecía no importarle que no hubiera calefacción... tampoco parecía importarle mucho la revolución... que perro...

-Profesor, tengo una duda
-¿Ah, qué?, ¿si?, ¿dónde?

Respondí apresurado a la pregunta que me hizo un alumno. No era tan complicado de responder, solo una pequeña confusión. Parecía que ya todos habían terminado los ejercicios, los hicimos en conjunto en la pizarra y explicamos varias cosas. Comenzamos a hablar de la revolución, ahora se veían más entusiasmados. Opinaron al respecto, mostraron una postura bastante coherente para ser alumnos de primer año y escucharon mis opiniones con respeto, asintiendo con la cabeza a lo que les decía. Al final aprendí varias cosas que no había considerado sobre el tema y espero haberles sido útiles a ellos y a la revolución.

Acabamos la clase y dijimos que nos veríamos para una próxima, todos estuvieron de acuerdo. Es más, uno de ellos se acercó a mi personalmente y me dio las gracias pues había sido la mejor clase que había tenido en lo que llevaba en la universidad. No pude sentir más que emoción, pues no soy profesor, soy un simple estudiante que espera poder ayudar.

Salí de la sala y afuera ya no había nieve, no habían tropas, ni se escuchaban cantos a lo lejos. Tampoco disparos y tampoco la caballería pasando por ahí. Un violín sonaba a lo lejos, un muchacho uniformado caminaba por ahí y un perro seguía durmiendo seguro dentro del salón.